Las SL de nueva creación tributan al 15% en el Impuesto de Sociedades durante sus dos primeros ejercicios con base imponible positiva (es decir, los dos primeros años en los que generen beneficio). A partir del tercero, el tipo general es del 25%.
Además, las SL están obligadas a presentar cuentas anuales en el Registro Mercantil, declaraciones trimestrales de IVA (modelo 303) y retenciones (modelo 111), y la declaración anual del Impuesto de Sociedades (modelo 200).
Para facturaciones altas, la SL suele ser más eficiente que el autónomo (que tributa por IRPF hasta el 47%).